1.1. La tecnología como área de conocimiento y la técnica como práctica social.

La relación entre ciencia y tecnología es muy cercana, ya que el uso de la tecnología puede ser la causa principal de los desequilibrios naturales en la actualidad, pero también tiene el potencial de ayudar a solucionarlos.

La tecnología no solo se vincula con la Naturaleza, sino con el desarrollo de la humanidad.

La experiencia es un conjunto de conocimientos que se adquiere con la práctica, de allí la frase “la práctica hace al maestro”. Y, por supuesto, una persona que se dedica a la carpintería o la costura y que hace un mueble o una prenda de vestir recurriendo únicamente a la práctica es un maestro.

Y la práctica que permite obtener experiencia, por lo general se obtiene siguiendo las instrucciones verbales o los ejemplos prácticos (gestos técnicos) de un maestro en el campo tecnológico correspondiente. Ese es el modo tradicional de transmitir los conocimientos y suele ser el método predominante de enseñanza en los campos artesanales y productivos no industrializados.

Las técnicas transmitidas de esta manera dependen, por tanto, de la relación entre el maestro y el aprendiz, y también de las capacidades y habilidades de ambos. Por ello, en el proceso estos conocimientos están sujetos a mejora o deterioro y esto es lo que da su carácter dinámico a este método de transmisión.

Un taller o un proceso productivo tendrá ventajas sobre otro en la medida en que las personas que intervienen en él tengan capacidad para aprender correctamente y aptitudes y habilidades para realizar los procesos técnicos de una manera que satisfaga mejor las necesidades o los intereses de un grupo social.

Hace muchísimos siglos, cuando se establecieron las primeras poblaciones, el ser humano empezó a aplicar incipientes técnicas agrícolas y ganaderas. Los conocimientos técnicos en estas áreas eran muy limitados y se transmitían de persona a persona, oralmente o por medio de los gestos técnicos apropiados.

El desarrollo de estas técnicas se dio a partir de un método básico, denominado de ensayo y error. Alguien, por ejemplo, dejaba caer varias semillas diferentes (ensayo); de ellas, varias germinaban y varias no (error). Así se fue aprendiendo cuáles eran las mejores semillas. Con este método se debieron descubrir los ciclos agrícolas, los cultivos más convenientes, el almacenamiento de los granos, etcétera.

El método del ensayo y error es netamente empírico, lo que significa que depende de la experiencia y la observación, además de factores como la intuición, la acumulación de conocimientos, la suerte, etcétera.

Este mismo proceso debieron de seguirlo, por ejemplo, los talleres de orfebrería. Los primeros recipientes que utilizó el ser humano fueron hojas de plantas o árboles que usó para beber agua. Más adelante, como extensión de esta rutina empezó a entrelazar dos o más hojas y así creó las primeras cestas. Muchos siglos después se formaron los talleres de cestería.

En algún momento alguien debió de usar barro y otras sustancias elementales para recubrir y proteger esas cestas. Luego, al ponerlas al fuego el barro adquirió consistencia y dio origen a las primeras vasijas.

Este proceso (es decir, el paso de usar una hoja a crear una vasija) abarcó largos siglos. Y la lentitud de su desarrollo se debió a que, en general, el conocimiento empírico, que depende del ensayo y el error, por lo regular no permite la evolución rápida de un proceso.

En realidad, la cestería y la orfebrería no comenzaron a avanzar y a perfeccionarse hasta que se crearon los primeros talleres, en los que se reunían grupos de artesanos para elaborar especialmente este tipo de productos.

Es en los talleres de artesanías donde se conjugan por primera vez los conocimientos y las experiencias directas de los artesanos y se transmiten de manera más controlada. Y es allí donde empiezan a usar herramientas y máquinas para producir bienes necesarios.